La enfermedad renal crónica (ERC) se asocia con un aumento importante del riesgo cardiovascular debido a múltiples mecanismos fisiopatológicos. Entre ellos destacan la inflamación crónica, la dislipidemia aterogénica, el estrés oxidativo, la alteración del metabolismo de lipoproteínas y la resistencia a la insulina. Estas alteraciones pueden estar presentes incluso en estadios tempranos de la ERC y explican por qué la mortalidad cardiovascular en esta población es significativamente mayor que la reportada por progresión renal aislada.









