La rosuvastatina reduce la síntesis hepática de colesterol mediante la inhibición de la enzima HMG-CoA reductasa. Esta acción incrementa la expresión de receptores LDL en hepatocitos y favorece la depuración plasmática de colesterol LDL. En pacientes con ERC, el control de LDL y la disminución del riesgo aterosclerótico son especialmente relevantes, ya que los eventos cardiovasculares representan una de las principales causas de complicaciones en esta población.
La dosis de 10 mg suele considerarse adecuada al iniciar tratamiento o cuando el riesgo cardiovascular es moderado. Según la respuesta clínica y el perfil del paciente, puede ajustarse bajo supervisión médica. Aunque la rosuvastatina no modifica la progresión de la ERC ni tiene efecto directo sobre la función renal, sí puede influir en el riesgo cardiovascular asociado, que es un objetivo terapéutico prioritario.









