La enfermedad renal crónica (ERC) se asocia con un incremento significativo del riesgo cardiovascular. Uno de los factores que contribuye a este riesgo es la dislipidemia, caracterizada por alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos. Estas alteraciones pueden favorecer la progresión aterosclerótica y aumentar la probabilidad de eventos cardiovasculares mayores. Por ello, el control lipídico es una parte clave de las estrategias terapéuticas en personas con ERC.
¿Qué es la dislipidemia en la ERC?
En la enfermedad renal crónica (ERC), la dislipidemia suele caracterizarse por:
- Elevación de triglicéridos, lo que aumenta la carga aterogénica y el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
- Disminución del colesterol HDL, reduciendo la capacidad de transporte reverso de colesterol y su efecto protector sobre las arterias.
- Alteraciones en LDL, que pueden variar en concentración y composición, favoreciendo la formación de placas ateroscleróticas.
Estas alteraciones lipídicas contribuyen a que los pacientes con ERC presenten un mayor riesgo cardiovascular incluso en etapas tempranas de la enfermedad. En muchos casos, las modificaciones en el estilo de vida por sí solas no son suficientes para alcanzar los objetivos lipídicos recomendados. Por ello, es frecuente que se requiera manejo farmacológico supervisado por un profesional de la salud, adaptado a la función renal, comorbilidades y riesgo cardiovascular individual de cada paciente.
Principales opciones farmacológicas para el control de dislipidemia
El control de dislipidemia en pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) requiere un enfoque individualizado, considerando el riesgo cardiovascular elevado y la función renal residual. Las estrategias farmacológicas se emplean cuando los cambios en el estilo de vida no son suficientes para alcanzar los objetivos lipídicos recomendados. A continuación, se describen las principales opciones utilizadas en la práctica clínica:
Estatinas
Las estatinas son la piedra angular del manejo de la dislipidemia en ERC, especialmente en pacientes con alto riesgo cardiovascular. Su acción principal es inhibir la síntesis hepática de colesterol LDL, reduciendo el riesgo de progresión aterosclerótica y eventos cardiovasculares. Pueden utilizarse como monoterapia o en combinación con otros fármacos, como ezetimibe, para alcanzar metas lipídicas más estrictas. La elección de la estatina y la dosis depende del perfil de riesgo y la función renal del paciente.
Ezetimibe
El ezetimibe actúa disminuyendo la absorción intestinal de colesterol, lo que permite reducir adicionalmente el LDL cuando la monoterapia con estatinas no es suficiente. La combinación estatina–ezetimibe es frecuente en pacientes con ERC y riesgo cardiovascular elevado, ya que proporciona un efecto sinérgico que facilita alcanzar los objetivos lipídicos sin aumentar significativamente la toxicidad.
Inhibidores de PCSK9
Los inhibidores de PCSK9 se consideran en pacientes que no alcanzan metas lipídicas con estatinas y ezetimibe o que presentan intolerancia a otros tratamientos. Su uso en ERC se evalúa de manera individual, tomando en cuenta la seguridad, eficacia y riesgo cardiovascular global. Estos agentes permiten reducciones de LDL más pronunciadas y sostenidas en pacientes de alto riesgo.
Otros agentes hipolipemiantes
En casos seleccionados, se pueden utilizar fibratos u otros medicamentos hipolipemiantes, especialmente cuando predominan triglicéridos elevados o patrones lipídicos mixtos. Su empleo requiere vigilancia estrecha, ajuste de dosis y control de posibles efectos secundarios, dado que la función renal limitada puede alterar la farmacocinética de estos fármacos.
Consideraciones clínicas
El manejo farmacológico de la dislipidemia en ERC debe individualizarse. Factores como el estadio de la enfermedad renal, comorbilidades (diabetes, hipertensión, cardiopatía isquémica), tolerancia a los fármacos y objetivos lipídicos influyen en la toma de decisiones. La combinación de tratamiento farmacológico con dieta y control de factores de riesgo forma parte de un enfoque integral.
El tratamiento óptimo involucra la colaboración entre nefrología, cardiología y nutrición, con seguimiento continuo para ajustar la terapia y minimizar riesgos. Un monitoreo adecuado asegura que los pacientes con ERC reciban el beneficio cardiovascular máximo sin comprometer la función renal.
Nota: Este contenido es exclusivamente informativo y no sustituye la consulta, diagnóstico ni tratamiento prescrito por un profesional de la salud. El manejo de la dislipidemia en pacientes con ERC debe realizarse siempre bajo supervisión médica especializada.
