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Medicamentos para control de glucosa en pacientes con ERC

El manejo del control glucémico es un componente central en el abordaje integral de la enfermedad renal crónica (ERC), especialmente cuando esta se origina o se agrava por diabetes mellitus. La hiperglucemia persistente favorece el daño microvascular renal y aumenta el riesgo de progresión hacia estadios avanzados, necesidad de diálisis y eventos cardiovasculares. Por ello, la selección de medicamentos para control de glucosa debe considerar también la protección renal y el perfil cardiovascular del paciente.

Relación entre diabetes y ERC

Es clave comprender la relación fisiopatológica entre diabetes y ERC. La diabetes es una de las principales causas de enfermedad renal a nivel mundial y el mal control glucémico acelera el deterioro de la función renal. La intervención temprana en ambos frentes puede retrasar la progresión de la nefropatía diabética y mejorar los desenlaces cardiovasculares.

El control de la glucosa en ERC no solo tiene un propósito metabólico, sino también preventivo. El objetivo es reducir complicaciones microvasculares (retinopatía, neuropatía, nefropatía), disminuir riesgo cardiovascular y evitar hipoglucemias. En esta etapa, la tasa de filtración glomerular (TFGe) y el estadio de ERC influyen directamente en las metas terapéuticas y en la selección del tratamiento.

Medicamentos para control de glucosa en ERC

Los medicamentos para control de glucosa tiene consideraciones específicas en ERC. No todos los fármacos mantienen el mismo perfil de seguridad renal y algunos requieren ajuste de dosis o incluso evitarse en estadios avanzados.

Metformina

La metformina continúa siendo la primera línea para diabetes tipo 2, pero en ERC su uso está condicionado al nivel de TFGe. A valores <30 mL/min/1.73m² suele contraindicarse por el riesgo de acidosis láctica, mientras que en TFGe 30–45 mL/min se requieren reducciones de dosis y seguimiento clínico. Su empleo debe evaluarse caso a caso.

Inhibidores SGLT2

Los inhibidores del SGLT2 son una de las principales innovaciones en el manejo de pacientes con ERC. Además del control de la glucosa, han demostrado beneficios renales y cardiovasculares, como reducción del ritmo de pérdida de TFGe y disminución de hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca. Su eficacia hipoglucemiante disminuye en TFGe más bajos, pero su valor nefroprotector puede mantenerse dependiendo del agente utilizado.

Agonistas GLP-1

Los agonistas del receptor GLP-1 actúan mejorando el control glucémico con bajo riesgo de hipoglucemia, contribuyen a la reducción ponderal y aportan beneficios cardiovasculares. Esto los convierte en una opción relevante en ERC, especialmente en pacientes con riesgo cardiovascular alto o con obesidad asociada.

Inhibidores DPP-4

Los inhibidores DPP-4 ofrecen control glucémico moderado y son útiles en escenarios donde se busca evitar hipoglucemia. Algunos requieren ajustes de dosis en ERC, mientras que otros mantienen un perfil más estable sin modificaciones relevantes según estadio renal.

Insulinas

La insulina sigue siendo un pilar terapéutico en diabetes avanzada o cuando existe insuficiencia de secreción pancreática. En ERC debe titularse con precaución debido al mayor riesgo de hipoglucemia asociado con la disminución del aclaramiento renal. Su uso requiere monitorización frecuente y educación del paciente.

Consideraciones en el manejo de glucosa en ERC

La elección del tratamiento debe individualizarse teniendo en cuenta el estadio renal, comorbilidades (como insuficiencia cardíaca, obesidad, dislipidemia), riesgo cardiovascular, interacciones y polifarmacia. El paradigma actual prioriza terapias capaces de aportar nefroprotección y cardioprotección además del control glucémico.

El control de la glucosa es una pieza crítica en el tratamiento de la ERC. La integración de medicamentos con beneficios renales y cardiovasculares, junto con monitorización estrecha y abordaje multidisciplinario, contribuye a mejorar el pronóstico global del paciente.

Nota: Este contenido es informativo y no sustituye la evaluación médica. El tratamiento debe individualizarse según TFGe, comorbilidades, riesgo cardiovascular y guías vigentes.

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