La herida debe limpiarse y la gasa colocarse con técnica higiénica, siguiendo la frecuencia indicada. Consulta si aumenta el dolor, enrojecimiento, calor, secreción, mal olor o fiebre, o si la lesión no muestra mejoría.
En una curación con gasas medicadas también importa el apósito secundario que las mantiene en su lugar y controla el exudado. Debe colocarse sin comprimir en exceso ni comprometer la circulación. La frecuencia de cambio depende de la cantidad de secreción, localización y evolución, no solo de una rutina fija. Si la gasa se adhiere, no debe arrancarse de manera brusca. Las quemaduras con ampollas extensas, áreas blanquecinas o negras, afectación de cara o articulaciones y las heridas causadas por objetos contaminados necesitan valoración especializada. En lesiones de la piel, la evolución debe observarse de forma objetiva y no solo por la disminución temporal de molestias. Fotografías clínicas, medidas y revisión de signos de infección ayudan a decidir si el manejo debe mantenerse o cambiar.