El posaconazol interactúa con numerosos medicamentos y puede afectar hígado y ritmo cardiaco. Deben revisarse todos los tratamientos concomitantes y, cuando corresponda, vigilar pruebas hepáticas y niveles del fármaco. Náusea, diarrea, cefalea y dolor abdominal son posibles.
Las tabletas de liberación retardada de posaconazol se tragan enteras y ofrecen una absorción más predecible que la suspensión, pero siguen requiriendo supervisión por sus interacciones. No deben triturarse para facilitar la deglución ni cambiarse por suspensión sin recalcular la pauta. El tratamiento preventivo suele mantenerse mientras persiste la inmunosupresión de alto riesgo. Si aparecen fiebre, tos, falta de aire o lesiones nuevas pese a la profilaxis, se necesita valoración para descartar una infección de brecha y comprobar adherencia, absorción y sensibilidad del hongo. En infecciones graves, la selección del medicamento debe basarse en el microorganismo probable o identificado, el sitio afectado, la función de órganos y la epidemiología local. La mejoría inicial no sustituye el cumplimiento del esquema ni el control clínico. Cultivos, estudios de imagen y marcadores clínicos permiten confirmar si la respuesta es suficiente. Cuando el paciente no mejora, se revisan absorción, sensibilidad, foco persistente e interacciones antes de prolongar o cambiar el tratamiento.