Humira puede reducir la capacidad para combatir infecciones. Antes de iniciarlo suelen evaluarse tuberculosis y hepatitis B, además del estado de vacunación. Fiebre persistente, tos, heridas infectadas u otros signos de infección requieren valoración. No deben aplicarse vacunas vivas sin autorización médica.
Antes de iniciar adalimumab se suelen descartar tuberculosis y hepatitis B, además de actualizar las vacunas que correspondan. Durante el tratamiento es importante comunicar fiebre, tos persistente, heridas que no cicatrizan o contacto con infecciones. Las vacunas vivas generalmente se evitan mientras la respuesta inmunitaria está modificada. Humira puede controlar inflamación y prevenir daño en varias enfermedades, pero la respuesta no es inmediata ni idéntica en todos los pacientes; el especialista evalúa actividad, análisis y tolerancia para decidir si se mantiene, ajusta o cambia la terapia biológica. El seguimiento especializado permite distinguir una reacción esperada de una infección o complicación que necesita atención. Llevar un registro de síntomas, aplicaciones y medicamentos concomitantes facilita decisiones más precisas y evita suspensiones o combinaciones improvisadas.