Puede potenciar la supresión de la médula ósea causada por la quimioterapia y producir náusea, vómito o alteraciones en los análisis de sangre. Durante el tratamiento se vigilan la biometría hemática, la función hepática y la función cardiaca. No debe utilizarse sin un protocolo oncológico definido.
La cardioprotección no elimina por completo el riesgo asociado con las antraciclinas. Por eso, el uso de dexrazoxano se integra con ecocardiogramas, biomarcadores, revisión de la dosis acumulada y control de factores cardiovasculares previos. El momento de administración respecto de la quimioterapia es parte del protocolo y no puede improvisarse. La decisión también considera que Cardioxane puede aumentar algunos efectos hematológicos del tratamiento antineoplásico. Paciente, oncólogo y personal de infusión deben distinguirlo de otros usos del dexrazoxano, pues la presentación y el objetivo terapéutico dependen del contexto clínico. El seguimiento especializado permite distinguir una reacción esperada de una infección o complicación que necesita atención. Llevar un registro de síntomas, aplicaciones y medicamentos concomitantes facilita decisiones más precisas y evita suspensiones o combinaciones improvisadas.