Como todo medicamento antineoplásico, puede generar efectos secundarios, cuya intensidad varía entre pacientes. Entre los más comunes se encuentran:
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Fatiga y malestar general
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Náuseas o vómito
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Disminución del apetito
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Reducción temporal de glóbulos blancos, rojos o plaquetas (mielosupresión)
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Fiebre o mayor susceptibilidad a infecciones
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Alteraciones hepáticas leves o transitorias
En algunos casos menos frecuentes pueden presentarse reacciones alérgicas, dificultad respiratoria o erupciones cutáneas. Por ello, el monitoreo médico constante es esencial durante todo el ciclo de tratamiento.
El seguimiento estrecho por parte del equipo médico es clave para asegurar una respuesta terapéutica adecuada y minimizar los riesgos asociados. Durante el tratamiento, se realizan controles periódicos de sangre y función hepática o renal para ajustar la dosis cuando sea necesario.
Ante cualquier síntoma inusual, el paciente debe consultar de inmediato a su oncólogo, ya que una intervención temprana mejora la seguridad y los resultados del tratamiento.
Consulta con tu médico oncólogo para conocer si este medicamento es adecuado para tu caso. Mantener una comunicación abierta con el profesional de la salud te permitirá tomar decisiones informadas y fortalecer tu bienestar durante el tratamiento.