La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que requiere un tratamiento integral y personalizado. Su presencia aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes tipo 2, dislipidemias y enfermedades cardiovasculares, por lo que abordarla de manera estructurada es clave para mejorar la salud y prevenir complicaciones.
A continuación, se presenta una guía con enfoques actuales, basada en evidencia, sobre cómo tratar la obesidad de forma segura y efectiva.
Cómo se diagnostica y qué define el tratamiento
El primer paso consiste en identificar el grado de obesidad y las posibles comorbilidades. Para ello, se utilizan herramientas clínicas que orientan el tipo de intervención terapéutica:
- Índice de Masa Corporal (IMC): clasifica el nivel de exceso de peso.
- Circunferencia de cintura: valora riesgo cardiometabólico y grasa visceral.
- Relación cintura–cadera: ayuda a estimar distribución del tejido adiposo.
- Pruebas de laboratorio: glucosa, perfil lipídico, función hepática, renal y marcadores inflamatorios.
Con estos datos, el equipo de salud determina si el tratamiento debe centrarse únicamente en cambios de estilo de vida o si es necesario incorporar farmacoterapia, psicoterapia o incluso cirugía bariátrica.
Plan alimentario terapéutico
La alimentación es el pilar central del abordaje. No existe un plan único: debe personalizarse según edad, actividad física, preferencias, comorbilidades y grado de obesidad.
Componentes fundamentales del plan nutricional
- Reducción calórica progresiva: la clave para perder peso es disminuir las calorías consumidas. Una entrevista dietética permite identificar excesos, patrones y oportunidades de cambio.
- Enfoque vegetal: se priorizan verduras, frutas, legumbres y cereales integrales.
- Proteínas magras: pescado, pollo, pavo, lácteos bajos en grasa.
- Grasas saludables: aceite de oliva, frutos secos, pescado azul.
- Limitación estricta de ultraprocesados: embutidos grasos, bollería, pastelería, comida rápida, refrescos azucarados y alcohol.
- Control de sodio: esencial en personas con hipertensión para evitar retención de líquidos y mejorar la presión arterial.
- Planificación de comidas: horarios regulares, fraccionamiento adecuado y preparación anticipada para mejorar la adherencia.
Modelos como DASH o Mediterránea han mostrado beneficios tanto en el peso como en el control de la presión arterial.
Actividad física estructurada
El ejercicio contribuye a disminuir la grasa corporal, mejorar la sensibilidad a la insulina, controlar la presión arterial y elevar el bienestar emocional.
Recomendaciones generales
- 150 minutos/semana de actividad aeróbica moderada (caminar rápido, nadar, bicicleta, bailar).
- Progresar a 300 minutos/semana para potenciar la pérdida de peso.
- Realizar entrenamiento de fuerza dos veces por semana para preservar masa muscular y aumentar gasto energético.
- Reducir el sedentarismo: subir escaleras, caminar trayectos cortos, participar en actividades domésticas o recreativas.
La actividad debe adaptarse a la capacidad física de cada persona para garantizar seguridad, especialmente si existe hipertensión o enfermedad cardiovascular.
Cómo tratar la obesidad con fármacos
Según guías clínicas, los medicamentos se recomiendan como complemento del plan nutricional y del ejercicio en personas con:
- IMC ≥ 30 kg/m², o
- IMC ≥ 27 kg/m² con comorbilidades como hipertensión, dislipidemia o hígado graso.
Su finalidad es mejorar la adherencia, limitar las adaptaciones que frenan la pérdida de peso y favorecer resultados sostenidos.
Fármacos utilizados en el manejo de la obesidad
- Orlistat: reduce la absorción de grasa hasta un 30%. Puede causar efectos gastrointestinales.
- Liraglutida (Saxenda): agonista GLP-1 de administración subcutánea diaria; disminuye el apetito y promueve saciedad.
- Bupropion/naltrexona (Mysimba): actúa en centros cerebrales del apetito y recompensa; disminuye la ingesta y aumenta el gasto energético (uso con precaución por perfil riesgo-beneficio).
La indicación y el ajuste deben realizarse bajo supervisión médica.
Tratamiento psicológico
Los factores psicológicos influyen en el inicio, el mantenimiento y la recaída de la obesidad. La terapia cognitivo-conductual es la más eficaz, ya que ayuda a:
- Identificar detonantes emocionales del hambre.
- Manejar la ansiedad sin recurrir a la comida.
- Reestructurar pensamientos que dificultan el cambio de hábitos.
- Fortalecer autoestima, autoimagen y motivación.
- Controlar impulsos y mejorar la adherencia al tratamiento médico y nutricional.
Este acompañamiento es especialmente relevante en pacientes con hipertensión, estrés elevado o comorbilidades cardiometabólicas.
Opciones quirúrgicas
La cirugía bariátrica es el tratamiento más efectivo para la obesidad grave y para pacientes que no han tenido éxito con métodos convencionales.
Técnicas más utilizadas
- Gastrectomía en manga (sleeve): reduce el tamaño del estómago y modifica hormonas de apetito.
- Bypass gástrico: combina restricción y malabsorción, considerado el “gold standard”.
- Cruce duodenal o derivación biliopancreática: mayor pérdida de peso, pero también mayor riesgo de deficiencias nutricionales.
- Tratamientos endoscópicos: balón intragástrico, balón dual, Aspire Assist; opciones menos invasivas para pérdida de peso a corto plazo.
La decisión requiere una valoración multidisciplinaria y compromiso de cambios a largo plazo.
Nuevas terapias y líneas de investigación
La ciencia avanza hacia tratamientos que actúan sobre mecanismos más específicos:
- Agonistas GLP-1 de última generación (semaglutida, tirzepatida).
- Moduladores de la microbiota intestinal.
- Terapias genéticas dirigidas a hormonas reguladoras del apetito, como la leptina.
- Agentes en estudio: agonistas RM-493, inhibidores de NPY, activadores de SIRT1, inhibidores de la angiogénesis, entre otros.
Estas intervenciones buscan mejorar la eficacia, reducir efectos secundarios y ofrecer alternativas a quienes no responden a los tratamientos actuales.
Manejo simultáneo de obesidad e hipertensión
Dado que ambas suelen coexistir, se recomienda un enfoque conjunto:
- Control riguroso de sodio en la dieta.
- Actividad física supervisada.
- Ajuste de medicamentos antihipertensivos cuando sea necesario.
- Seguimiento de función renal y cardiovascular.
- Manejo del estrés y técnicas de relajación.
Tratar ambas condiciones de forma integrada reduce riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y daño renal.
El tratamiento de la obesidad requiere una visión completa: diagnóstico preciso, intervención nutricional, ejercicio, farmacoterapia, apoyo psicológico y, en casos necesarios, cirugía. No existe una única estrategia; el éxito depende de adaptar el plan a cada persona y mantener un seguimiento médico continuo.