La actividad física es un componente clave en el manejo integral de la enfermedad de Párkinson. Aunque no detiene su progresión, el ejercicio regular puede ayudar a mejorar la movilidad, la postura, el equilibrio y la autonomía funcional, contribuyendo a una mejor calidad de vida.
Incorporar una rutina de ejercicios adaptada a las capacidades de cada persona es una estrategia ampliamente recomendada dentro del tratamiento no farmacológico.
¿Por qué es importante el ejercicio en el párkinson?
El párkinson afecta el control del movimiento, lo que puede provocar rigidez, lentitud y dificultades para mantener el equilibrio. La práctica regular de ejercicio ayuda a conservar la flexibilidad muscular, mejorar la coordinación y reducir el riesgo de caídas.
Además, la actividad física puede favorecer el estado de ánimo, disminuir la sensación de fatiga y apoyar la independencia en actividades cotidianas.
Ejercicios de estiramiento y movilidad para personas con párkinson
Los ejercicios de estiramiento son especialmente útiles para aliviar la rigidez muscular asociada al párkinson. Movimientos suaves y controlados de brazos, piernas, cuello y espalda pueden ayudar a mantener la amplitud de movimiento.
Estos ejercicios deben realizarse de forma lenta, sin rebotes y respetando los límites del cuerpo, preferentemente como parte del calentamiento o al finalizar la rutina.
Caminar como ejercicio funcional
Caminar es una de las actividades físicas más accesibles para las personas con párkinson. Practicar caminatas regulares contribuye a mejorar la marcha, el equilibrio y la resistencia cardiovascular.
Se recomienda caminar en superficies seguras, con calzado adecuado y, de ser necesario, con apoyo o supervisión. Realizar esta actividad al aire libre también puede aportar beneficios emocionales.
Entrenamiento de fuerza y estabilidad
El fortalecimiento muscular es importante para mantener la postura y la estabilidad. Ejercicios con el propio peso corporal, bandas de resistencia o pesas ligeras pueden ayudar a preservar la fuerza y reducir el riesgo de caídas.
El entrenamiento de fuerza debe adaptarse a la condición física de cada persona y realizarse bajo la orientación de un profesional capacitado.
Ejercicio aeróbico y bienestar general
Las actividades aeróbicas, como nadar, usar bicicleta fija o realizar ejercicios de bajo impacto, pueden mejorar la resistencia física y el funcionamiento cardiovascular. Además, favorecen el bienestar mental y la sensación de energía.
Incluir ejercicio aeróbico varias veces por semana puede formar parte de una rutina equilibrada, siempre considerando la seguridad y las indicaciones médicas.
Importancia de un plan de ejercicio personalizado
No todas las personas con párkinson tienen las mismas necesidades ni capacidades físicas. Por ello, es fundamental que la rutina de ejercicios sea personalizada y, de preferencia, diseñada por un profesional de la salud o fisioterapeuta con experiencia en trastornos neurológicos.
Un plan adecuado permite obtener beneficios de forma segura y sostenida en el tiempo.
Nota: Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento indicado por un profesional de la salud. Antes de iniciar o modificar una rutina de ejercicio, consulta siempre con tu médico o fisioterapeuta.